
Crecí en un mundo de silencios, donde el miedo era ley en el hogar. Fui sostén antes de tiempo, una niña obligada a no llorar.
Caminé con pasos cautelosos, adivinando lo que otros querían. Guardé mi voz bajo mil candados, mientras mi alma pedía vida.
Pero un día escuché dentro un susurro que decía: “basta ya”. No era ruido, era mi centro, era mi niña pidiendo libertad.
Y hoy aprendo a volar, sin la culpa que heredé, sin el miedo a despertar. Ya no cargo con su sombra, ya no tengo que agradar. Soy mi hogar, soy mi abrazo, soy mi verdad. Hoy me elijo a mí, y en mis alas renace lo que un día perdí. Me libero del dolor que no era mío, y por fin… aprendo a volar.
Me entrenaron para ser invisible, para sostener lo que no podía. Pero al mirarme con ojos nuevos descubrí que yo también merecía.
Rescaté a la niña herida, la tomé suave entre mis manos. Le dije: “ya no estás sola, yo te cuido, yo te amo”.
Y al abrazarla entendí que mi fuerza siempre estuvo aquí. Que no debo ser su ancla, que mi vida también es para mí.
Y hoy aprendo a volar, sin la culpa que heredé, sin el miedo a despertar. Ya no cargo con su sombra, ya no tengo que agradar. Soy mi hogar, soy mi abrazo, soy mi verdad. Hoy me elijo a mí, y en mis alas renace lo que un día perdí. Me libero del dolor que no era mío, y por fin… aprendo a volar.
No los odio, no los sigo, solo suelto lo que duele y no es mi destino. Si me llaman desde el miedo o la manipulación, ya no entro en ese juego, ya no es mi canción.
Hoy camino hacia la luz que nace en mí, sin cadenas, sin permiso, por fin puedo existir.
Y hoy aprendo a volar, con mi voz recuperada, con mi fuerza natural. Ya no vivo en su guion, ya no tengo que callar. Soy mi hogar, soy mi abrazo, soy mi verdad. Hoy me elijo a mí, y en mis alas renace lo que un día perdí. Me libero del dolor que no era mío, y por fin… aprendo a volar.