
Tenías diecisiete y mil sueños,
un “para siempre” que no fue,
la vida cambió tus caminos
antes de poder entender.
Te rompieron lo que creías,
te enseñaron a resistir,
y en medio de tanto miedo
aprendiste a sobrevivir.
Y yo crecí dentro de eso,
entre grietas y dolor,
intentando sostenerte
sin saber quién era yo.
Pero hoy me elijo a mí,
y lo dejo claro así:
no soy responsable de tu vida
ni de lo que hiciste aquí.
Hoy te devuelvo lo que es tuyo,
yo me quedo con mi voz,
no soy carga de tu historia…
ni heredera de tu dolor.
No te odio, lo comprendo,
sé que fue supervivencia,
pero eso no te da derecho
a cruzar mis fronteras.
No permito que me hieras,
ni que me uses sin ver,
que soy alma, que soy vida,
y aprendí a sostenerme en pie.
Si me acerco es porque quiero,
no por miedo a perder,
y si algo en ti me duele…
sé también retroceder.
Hoy me elijo a mí,
ya no vivo desde el temor,
no necesito que me quieras
para darme yo valor.
Si te hablo es porque elijo,
si me voy también es amor,
porque amar también es irse
cuando no hay respeto en la voz.
Tú elegiste cómo tenerme,
yo elijo si quedarme hoy,
no necesito tu herencia,
mi riqueza es quien soy.
Te deseo paz en tu vida,
que te puedas encontrar,
que aprendas a darte el amor
que no supiste dar.
Hoy me libero de ti,
sin rencor y sin prisión,
te dejo tu propio camino…
yo camino en mi dirección.
Y aunque un día fui tu niña,
hoy soy quien decide ya,
con amor cierro esta herida…
y me elijo en libertad.
Con amor… te suelto aquí,
con amor… me quedo en mí,
y si un día hay encuentro…
será desde el elegir.